Han pasado nueve meses de espera: el bebé llegó! Resulta maravilloso ver los cambios y la preparación de éste nuevo ser para despegar a la conquista de un mundo a estrenar…
Pero antes de adelantarnos a ese día, es importante saber que al nacer las piernitas del bebé no tienen la fuerza suficiente como para lograr sostener su cuerpo. Y mismo así, el recién nacido trae consigo el llamado “reflejo de la marcha”, que se comprueba al sostenerlo por debajo de las axilas y colocando sus pies sobre una superficie dura.
De inmediato dará pequeños pasitos, un acto reflejo que irá desapareciendo después de cumplidos los dos primeros meses.
Ya con cinco meses, comenzará a flexionar las piernitas de arriba hacia abajo. Sus músculos se irán fortaleciendo hasta llegar a los ocho meses, cuando intentará incorporarse y mantenerse en pie con la ayuda de algún mueble.
Semanas después comenzará a desplazarse de un mueble hacia otro, y también será capaz de mantenerse parado sin apoyo.
El bebé, entonces, ya estará listo para dar sus primeros pasos con la ayuda de un adulto. Con nueve o diez meses, aprenderá a doblar sus rodillas, a sentarse desde la posición de pie: todo un logro, ya que son necesarios equilibrio y fuerza en esas piernas… Once meses, y ya podrá agacharse, sentarse en cuclillas o acaso caminar sosteniéndose de la mano, mismo que no se atreva a dar sus primeros pasos por sí solo hasta algunas semanas después… Cuando ya han llegado al primer año de vida la mayoría de ellos ya caminan solos, con pasos algo inestables, torpes, dejándose caer o sentándose para frenarse después de dos o tres pasos.
Esto es tan solo por una cuestión de días, ya que después se sentirán seguros, dando sus pasos llenos de coordinación y soltura.
Es válido poner énfasis en que muchos bebés poseen un ritmo más lento, como podría ser el caso de los que nacen prematuros.
Pero lo que resulta fundamental es el respeto del tiempo evolutivo de la criatura, ya que cada uno –como ser único que es- necesita de sus tiempos para ir cosechando sus logros.
En diversas ocasiones, cuando el bebé no quiere caminar puede no sentirse preparado para ello, o sentirse inseguro. Y si se lo forzase y terminara cayéndose, solo se logrará que se asuste y genere miedo y rechazo, lo que puede atrasar su ritmo de evolución.
Entonces es importante tranquilizarlo, enseñarle a sentarse y motivarlo a intentar de nuevo, para que vaya ganando seguridad.
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