El folato o ácido fólico, también conocido como vitamina B9, es indispensable para prevenir el nacimiento de un niño con malformaciones en su sistema nervioso, y fundamental en el proceso de multiplicación celular.
Su ausencia, antes de la gestación, o durante el desarrollo embrionario, puede afectar al sistema nervioso central (el cerebro y la médula espinal) y a las estructuras anatómicas que lo rodean (meninges, huesos del cráneo, vértebras, músculos y piel) generando la malformación del tubo neural; lámina que origina este sistema y donde, para ello, es imprescindible que logre plegarse correctamente a partir de la utilización del folato.
La cantidad recomendada de esta vitamina, anterior a la concepción o durante el primer mes de embarazo, debe no ser inferior a 600 microgramos diarios, pero nunca superior a 1000.
En caso de provocarse una malformación en la lámina nerviosa, puede afectarse la bóveda craneal (huesos que recubren el cerebro) que, al no formarse o hacerlo ineficazmente, desprotege el cerebro del niño, generándole anencefalia con ínfimas posibilidades de supervivencia. También, si las vértebras se damnifican, puede producirse parálisis en la parte inferior del cuerpo y dificultades en el aprendizaje, dejando, además, la médula espinal al descubierto. Asimismo, el bajo peso del recién nacido o un parto prematuro, pueden ser producto de la ausencia del ácido.
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